Decía aquella magnífica película que sólo había dos cuestiones, empeñarse en morir o empeñarse en vivir.Tim Robbins soñaba, día tras día, con ir a Zihuatanejo, un rinconcito de la costa mexicana, tener un pequeño barco y llevar a sus clientes a pescar...Y este sueño fue el que durante decenas de años le proporcionó la energía, la perseverancia, para ir por detrás de Marilyn, de Rita, de Raquel, excavando su camino hacia la libertad encarnada en la imagen de una playa inacabable.
Cadena Perpetua dejó en mi memoria frases y escenas inolvidables y subrayó mi absoluto convencimiento de la necesidad humana de perseguir sueños,pequeños, grandes, grandes, pequeños, pero...nuestros.
Zihuatanejo puede ser una playa, pero también un huerto donde cultivar nuestros propios tomates y colocar de mástil nuestros particulares emblemas.Zihuatanejo puede ser una costa pero también una casa de madera y esfuerzo, un libro por escribir, un saxo por tocar en un festival de Jazz, una maratón en la que participar, una Fontana que conocer, como China Zorrilla en la entrañable Elsa y Fred, y cualquier cosa que nos transmita motivación intrínseca tan potente que nos movilice y nos haga saltar sobre obstáculos, retrocesos, dificultades y miedos que suelen rodear cualquier sueño que se precie.
Todos necesitamos tener sueños por cumplir, lugares que ver, algo que cosechar, Zihuatanejos que imaginar...
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