




El año pasado viajé a Marrakech por estas fechas.Descubrí un lugar cercano y lleno de referencias a nuestra cultura andaluza, o al contrario, que es más exacto.Me enamoró su "cacharrería", es decir, aquellos cuenquitos para aceitunas, sus ceniceros, sus vasos de té...y su mobiliario, mesitas,banquitos, lámparas...cuando me dí cuenta el reportaje de fotos que hice de mi estancia parecía un catálogo de decoración.
Marrakech es un puro contraste de sensaciones.Por callejuelas intransitables y derruidas recalábamos en palacetes increiblemente bellos como oasis de cuento milenario y los colores, sabores y , sobre todo, olores se instalaban en la memoria para siempre.
Una de nuestras visitas consistió en pasarnos por una herboristería autóctona.El espectáculo era indescriptible.Cientos de botes transparentes contenían raíces, hierbas, piedras, semillas... y el encargado nos hablaba de sus múltiples propiedades, para qué servían, qué trataban, qué curaban.
De esta forma escuché hablar por primera vez del aceite de Argana ( árbol de las cabras) , contra las manchas de la piel y el cabello, contra la celulitis, las estrias y para fortalecer las uñas, un hidratante y despigmentante natural con un aroma particular e inconfundible.
Así, cuando me vence la nostalgia de la singular atmósfera de Marrakech, acudo a éste aceite que , además de sus propiedades constatadas, tiene el efecto de llevarme a una cultura de exquisitez por los detalles.
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