El reino de Ada.
A las siete de la mañana ,invariablemente ,ya se oían los primeros ruidos de cacharrería en la cocina de Ada.Un canturreo, si había buen humor, y eso ocurría las más de las veces, acompañaba al sonido de platos y vasos.Todavía no olía a nada pero sólo hasta poco después.
Según la cocinera todo era importante,todo.La vajilla estaba cuidadosamente elegida pero no con la uniformidad de las distintas piezas que pertenecen a una misma familia, sino que conformaban una sintonía de puestas en escena que se combinaban entre sí aportándose colores, texturas, tamaños, en un baile que a la vista resultaba siempre equilibrado y exacto.
Unos pimientos para asar de un rojo oscuro brillante descansaban en una ensaladera de cristal verde y un cuenquito de madera ovalado exhalaba el aroma del orégano mientras el metal plateado de una vinagrera relucía al lado de una fuente de porcelana del color de la natilla recién hecha.
El ruido de los platos y tazas era un ritual con el que no solo despertaba la casa, sino toda la calle, quizá toda la ciudad, puede que todo el universo.
"No debía de quererte,no debía de quererte..." y las primeras mitades de naranjas recién exprimidas iban a la gran cubeta de basura que coronaba el rincón este de la estancia, "y sin embargo te quiero".Para entonces, porque según Ada el zumo había que prepararlo en el último momento si no perdía todas sus vitaminas, ya olía cada rincón de la casa Amarilla, por los cuatro costados, a tortitas rellenas de chocolate caliente, magdalenas al limón, tostadas de pan integral crujientes, bizcochos de crema y café.El aroma de café más entrañable que imaginarse se pudiera y que todos aspirábamos como si fuera opio.
.-Pero por qué, por qué no podías hacer hoy también una bandeja de volovents dulces para Don Antonio, que tanto los celebró ayer.Sabes que el pobre sólo va a estar aquí pocos días,mira que eres maniática,qué más te daba.
Tio Helio suplicaba dulcemente,con susurros que más que lamentos parecían caricias, pero su cara, oscura y rechoncha, reflejaba en serio su contrariedad ante la cocinera.
.-Todo está tan rico como ayer, o más.Además los volovents dulces no salen bien en días nones y hoy, si no me equivoco, es once.
Helio daba sacudidas rápidas con la cabeza entre incrédulo y airado, mientras la agachaba y frotaba sus manos nerviosamente, y renunciaba a entender o a contestar a Ada que ya se iba canturreando de nuevo , "la noche... cuando nos conocimos".
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