martes, 31 de mayo de 2011

Marrakech y el aceite de Argán




























El año pasado viajé a Marrakech por estas fechas.Descubrí un lugar cercano y lleno de referencias a nuestra cultura andaluza, o al contrario, que es más exacto.Me enamoró su "cacharrería", es decir, aquellos cuenquitos para aceitunas, sus ceniceros, sus vasos de té...y su mobiliario, mesitas,banquitos, lámparas...cuando me dí cuenta el reportaje de fotos que hice de mi estancia parecía un catálogo de decoración.


Marrakech es un puro contraste de sensaciones.Por callejuelas intransitables y derruidas recalábamos en palacetes increiblemente bellos como oasis de cuento milenario y los colores, sabores y , sobre todo, olores se instalaban en la memoria para siempre.


Una de nuestras visitas consistió en pasarnos por una herboristería autóctona.El espectáculo era indescriptible.Cientos de botes transparentes contenían raíces, hierbas, piedras, semillas... y el encargado nos hablaba de sus múltiples propiedades, para qué servían, qué trataban, qué curaban.


De esta forma escuché hablar por primera vez del aceite de Argana ( árbol de las cabras) , contra las manchas de la piel y el cabello, contra la celulitis, las estrias y para fortalecer las uñas, un hidratante y despigmentante natural con un aroma particular e inconfundible.


Así, cuando me vence la nostalgia de la singular atmósfera de Marrakech, acudo a éste aceite que , además de sus propiedades constatadas, tiene el efecto de llevarme a una cultura de exquisitez por los detalles.

domingo, 29 de mayo de 2011

Más apuntes de Alquimia culinaria









El reino de Ada (Continuación)






Cada vez que quería salirse con la suya, hacía acopio de unos argumentos, por absurdos, imposibles de rebatir ni discutir.



Las manías de Ada podían contarse, o no podían, por miles como las estrellas.Toda su vida, todos sus movimientos y sus palabras parecían no tener hilatura común con la del resto de los mortales.Su centro de gravedad vital radicaba en otro mundo, en otras leyes que ninguna concomitancia podían compartir con la lógica y la realidad cotidiana de los demás.



Quizá por eso cuando Ada se movía, ponía en marcha a todo su alrededor un universo extraño, misterioso, mágico, prometedor, que a todos nos seducía y a los más nos gustaba contemplar, respirar o participar , de la misma manera que nos encantaba inhalar la intensa actividad, los olores, cuidados, preparativos y resultados de su alquimia culinaria, aprendida, según decía, de forma autodidacta, inconcreta, inmaterial y exquisita.



La casa Amarilla era la fachada más solemne y ancha de toda la calle Leñadores y debía su nombre al color que lucían los marcos de sus puertas, dos, y sus ventanas, nueve en la fachada, seis en la planta de arriba y tres en la de abajo, que el anterior dueño de la casa había querido destacar en ese controvertido color.Al tio Helio le gustó o no quiso ocuparse de un cambio por lo que ese tono se había convertido en el santo y seña de la enorme vivienda, de forma que hasta la correspondencia casi nunca venía a Leñadores siete, sino a la casa Amarilla y el cartero, cualquiera que fuera, no dudaba en la ubicación de la misma.



Ada disponía los últimos detalles del desayuno con un pañuelo rojo de topos blancos cubriéndole la melena rizada y negra.Debía tener pañuelos de todos los estilos y colores y coquetonamente los cambiaba cada mañana antes de empezar a trajinar en la inmensa cocina.


Esa estancia era para Ada su verdadera casa, por eso cada vez que deseábamos acogernos al calor de ese hogar suyo, ella lo defendía a capa y espada, con un celo nada disimulado, férreo e inapelable.Era su santuario y si era que no se podía estar es que no se podía.



A mí, por ser una niña, pequeña y regordeta, que agradecía infinitamente cualquier migaja, trozo de cariño o mirada de ternura, me dejaba estar alguna que otra vez asomada a sus misterios, callada y hecha luz de gas para hacerme invisible ante sus ojos.Hasta que me advertía y entonces se acababa mi suerte y me mandaba fuera sin mucha mano izquierda dándome si acaso un finiquito en forma de gajo azucarado de naranja.



De esa forma, entre las palabras extrañas que escuchaba en Ada y que me transportaban al reino de la imaginación más permisivo y las conjeturas estériles acerca de lo que estaría haciendo y de qué manera, más la opaca resistencia a que permaneciera mucho rato en su santa cocina, ésta se me antojaba como una cueva de Alí Babá y los cuarenta cacharros, mágica y maravillosa, donde podían ocurrir toda suerte de hechizos y crearse las ambrosías y elixires más sublimes.



El único consuelo que tenía era que Helio, mi tío y dueño de la casa, tampoco gozaba de mucho privilegio en este sentido y si se le ocurría pasar por la cocina más de dos o tres veces al día, Ada se ensañaba con él amenazándole con irse por donde vino y primero paz y después gloria y...El tío Helio salía despavorido y deshaciéndose en disculpas hacia otro lugar más acogedor de la casa mientras Ada retomaba su canción justo justo donde la había dejado, "adoro la seda de tus manos, los besos que nos damos, los adoro, vida miaaaaaa".

sábado, 28 de mayo de 2011

Apuntes de un libro por escribir
















El reino de Ada.


A las siete de la mañana ,invariablemente ,ya se oían los primeros ruidos de cacharrería en la cocina de Ada.Un canturreo, si había buen humor, y eso ocurría las más de las veces, acompañaba al sonido de platos y vasos.Todavía no olía a nada pero sólo hasta poco después.


Según la cocinera todo era importante,todo.La vajilla estaba cuidadosamente elegida pero no con la uniformidad de las distintas piezas que pertenecen a una misma familia, sino que conformaban una sintonía de puestas en escena que se combinaban entre sí aportándose colores, texturas, tamaños, en un baile que a la vista resultaba siempre equilibrado y exacto.


Unos pimientos para asar de un rojo oscuro brillante descansaban en una ensaladera de cristal verde y un cuenquito de madera ovalado exhalaba el aroma del orégano mientras el metal plateado de una vinagrera relucía al lado de una fuente de porcelana del color de la natilla recién hecha.


El ruido de los platos y tazas era un ritual con el que no solo despertaba la casa, sino toda la calle, quizá toda la ciudad, puede que todo el universo.

"No debía de quererte,no debía de quererte..." y las primeras mitades de naranjas recién exprimidas iban a la gran cubeta de basura que coronaba el rincón este de la estancia, "y sin embargo te quiero".Para entonces, porque según Ada el zumo había que prepararlo en el último momento si no perdía todas sus vitaminas, ya olía cada rincón de la casa Amarilla, por los cuatro costados, a tortitas rellenas de chocolate caliente, magdalenas al limón, tostadas de pan integral crujientes, bizcochos de crema y café.El aroma de café más entrañable que imaginarse se pudiera y que todos aspirábamos como si fuera opio.


.-Pero por qué, por qué no podías hacer hoy también una bandeja de volovents dulces para Don Antonio, que tanto los celebró ayer.Sabes que el pobre sólo va a estar aquí pocos días,mira que eres maniática,qué más te daba.


Tio Helio suplicaba dulcemente,con susurros que más que lamentos parecían caricias, pero su cara, oscura y rechoncha, reflejaba en serio su contrariedad ante la cocinera.


.-Todo está tan rico como ayer, o más.Además los volovents dulces no salen bien en días nones y hoy, si no me equivoco, es once.


Helio daba sacudidas rápidas con la cabeza entre incrédulo y airado, mientras la agachaba y frotaba sus manos nerviosamente, y renunciaba a entender o a contestar a Ada que ya se iba canturreando de nuevo , "la noche... cuando nos conocimos".

lunes, 16 de mayo de 2011

Zihuatanejo o La funcionalidad de los sueños


































Decía aquella magnífica película que sólo había dos cuestiones, empeñarse en morir o empeñarse en vivir.Tim Robbins soñaba, día tras día, con ir a Zihuatanejo, un rinconcito de la costa mexicana, tener un pequeño barco y llevar a sus clientes a pescar...Y este sueño fue el que durante decenas de años le proporcionó la energía, la perseverancia, para ir por detrás de Marilyn, de Rita, de Raquel, excavando su camino hacia la libertad encarnada en la imagen de una playa inacabable.




Cadena Perpetua dejó en mi memoria frases y escenas inolvidables y subrayó mi absoluto convencimiento de la necesidad humana de perseguir sueños,pequeños, grandes, grandes, pequeños, pero...nuestros.




Zihuatanejo puede ser una playa, pero también un huerto donde cultivar nuestros propios tomates y colocar de mástil nuestros particulares emblemas.Zihuatanejo puede ser una costa pero también una casa de madera y esfuerzo, un libro por escribir, un saxo por tocar en un festival de Jazz, una maratón en la que participar, una Fontana que conocer, como China Zorrilla en la entrañable Elsa y Fred, y cualquier cosa que nos transmita motivación intrínseca tan potente que nos movilice y nos haga saltar sobre obstáculos, retrocesos, dificultades y miedos que suelen rodear cualquier sueño que se precie.




Todos necesitamos tener sueños por cumplir, lugares que ver, algo que cosechar, Zihuatanejos que imaginar...