miércoles, 6 de junio de 2012

Elogio de las charlas, los cafés y los recreos


Dichoso el que sabe "perderse" en el camino y por momentos olvida su propio afán. Feliz y afortunado el que suelta la mano, a veces, de la flecha inflexible que dirige sin cesar.

Cuántas veces lo inesperado llegó a ser una bendición más amplia y hermosa que nuestra propia búsqueda, disfrazándose de azar.

Bendita la manzana que al caer nos corona de un hallazgo peculiar, premiando el momento de paz que le robamos a la celosa sombra de la actividad, de  la eficacia, de la productividad.

Tomemos un café, amigo, y arreglemos el mundo, aun dejándolo igual. Ayúdame a descubrir lo que aún no sé de mí dicho por tí ; escucha de mí algo que te hacía falta recordar, alguna memoria de tí interpretada por mí. Y si nos callamos, si alimentamos el silencio, escucha el baile de energía que intercambiamos entre la luz que llevamos y la que recibimos y la que  al despedirnos volvemos a generar.

La relación con otros, la charla distendida, sin pretensiones ,el recreo de palabras, sensaciones y emociones  compartidas entre dos o entre unos cuantos es algo insustituible y tremendamente rico .Es la forma de desenvolver y cuajar la elaboración de nuestro propio momento .A través de lo que te cuento, te digo, mediante aquello que te desgrano y sobre lo que me pronuncio, me entero, muchas veces a la par tuya, de quién soy y por dónde ando.