Dichoso el que sabe "perderse" en el camino y por
momentos olvida su propio afán. Feliz y afortunado el que suelta la mano, a
veces, de la flecha inflexible que dirige sin cesar.
Cuántas veces lo inesperado llegó a ser una bendición más
amplia y hermosa que nuestra propia búsqueda, disfrazándose de azar.
Bendita la manzana que al caer nos corona de un hallazgo
peculiar, premiando el momento de paz que le robamos a la celosa sombra de la actividad,
de la eficacia, de la productividad.
Tomemos un café, amigo, y arreglemos el mundo, aun dejándolo
igual. Ayúdame a descubrir lo que aún no sé de mí dicho por tí ; escucha de mí
algo que te hacía falta recordar, alguna memoria de tí interpretada por mí. Y
si nos callamos, si alimentamos el silencio, escucha el baile de energía que
intercambiamos entre la luz que llevamos y la que recibimos y la que al despedirnos volvemos a generar.
La relación con otros, la charla distendida, sin
pretensiones ,el recreo de palabras, sensaciones y emociones compartidas entre dos o entre unos cuantos es
algo insustituible y tremendamente rico .Es la forma de desenvolver y cuajar la
elaboración de nuestro propio momento .A través de lo que te cuento, te digo,
mediante aquello que te desgrano y sobre lo que me pronuncio, me entero, muchas veces a la
par tuya, de quién soy y por dónde ando.

